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Envejecer el cuerpo... Madurar el
alma... (OlhosDe£in¢e)
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Las
manos se deslizan suaves sobre el cuerpo, perciben la
piel menos translúcida, alrededor de los ojos, zurcos que
forman diseños desconocidos; en la retina, el brillo
permanece.
El
envejecer del cuerpo contrasta con el madurar
del alma.
La
preocupación con el físico se vuelve secundaria, no
necesita tomar prestada aquella sonrisa que le
pareció bonita de la amiga de al lado, ensayar
aquél andar insinuante y mucho menos esforzarse en copiar
los gestos de la artista del
momento.
¡La serenidad
implantada denota que el aprendizaje de la vida valió la pena
!
Hoy, ostenta en
los ojos la sabiduría adquirida con los golpes que da la vida,
aprendió a diferenciar el camino justo, huyendo
del injusto, y en los detalles de cada día encuentra la
explicación de
la vida.
En las
cosas simples resurge el encantamiento de
soñar, oyendo la canción del alma.
Curitiba,17/02/2004
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